A poco de inaugurarse el Mundial 2026, el mayor de la historia con 48 selecciones nacionales, 104 encuentros y tres países anfitriones (EE UU, México y Canadá), ya emergen tensiones sobre el futuro de los torneos mundialistas femeninos. Veintiuna ciudades estadounidenses, entre ellas siete que serán sedes en 2026, enviaron una carta formal a la Federación de Fútbol de EE UU exigiendo una "negociación significativa de las cláusulas fundamentales" con la FIFA de cara al Mundial Femenino de 2031.

El choque de modelos financieros

Las ciudades cuestionan el modelo de negocio que propone la FIFA, dirigida por Gianni Infantino, quien defiende su propuesta como "sostenible". Sin embargo, las autoridades locales consideran que las condiciones impuestas por el organismo internacional no reflejan equitativamente la distribución de gastos e ingresos generados por la organización de un evento de tal magnitud.

La carta de las ciudades estadounidenses busca que la federación nacional negocie términos más favorables antes de comprometerse formalmente con la FIFA a ser anfitriona del torneo femenino en 2031. Entre los puntos clave está la cobertura de costos de infraestructura, seguridad, operaciones y otros gastos derivados de la organización, versus los ingresos que efectivamente recibirían las ciudades y el país anfitrión.

Experiencias previas y lecciones aprendidas

Esta demanda refleja preocupaciones surgidas en organizaciones mundialistas anteriores, donde ciudades anfitrionas enfrentaron sobrecostos significativos. Los municipios estadounidenses buscan evitar situaciones donde los gastos superan los beneficios económicos prometidos inicialmente.

Infantino, en su discurso previo a la inauguración del Mundial 2026, pidió a los medios concentrarse exclusivamente en el fútbol. Sin embargo, la presión de las ciudades demuestra que la dimensión financiera y administrativa de estos torneos es inseparable de la competición deportiva misma.

Perspectiva para los Mundiales futuros

La posición de las ciudades estadounidenses puede sentar un precedente importante. Si logran negociaciones más equitativas con la FIFA para 2031, podría influir en futuros anfitriones de torneos mundialistas, incluyendo posibles candidaturas de países latinoamericanos como Paraguay y sus vecinos regionales.

La negociación que se abre entre EE UU y la FIFA sobre el Mundial Femenino 2031 marca un punto de inflexión en la relación entre organismos internacionales y gobiernos locales respecto a la sostenibilidad económica real de eventos deportivos de esta envergadura.